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A 15 años de la tragedia de Cromañón: 194 muertos y ningún detenido

Hoy, 30 de diciembre, se cumple 15 años un tragedia por causas no naturales que vivió la Argentina, los 194 muertos del boliche República Cromañón, ya no tiene presos.

Una bengala arrojada al aire en un lugar cerrado fue lo que detonó una serie de situaciones que estaban mal. 15 años más tarde la Justicia nunca encontró al responsable de ese acto. 

Lo cierto es que jamás se sabrá, por lo menos oficialmente, quién arrojó la pirotecnia que originó el fuego de una media sombra utilizada como falso techo y desprendió gases de cianuro de los paneles acústicos.

Suma de factores que desató la tragedia

Cromañón ocurrió por el disparo de una bengala, pero no sólo por eso. El lugar estaba habilitado como “local bailable clase C” con capacidad para unas mil personas. Sin embargo funcionaba como microestadio para recitales y el 30 de diciembre de 2004 había allí unos cinco mil espectadores apretujados y sudorosos por la escasa ventilación.

Según determinó la Justicia, ello fue posible porque los inspectores del gobierno porteño no inspeccionaron, los policías de la Federal con jurisdicción en el lugar miraron para otro lado convencidos por el pago de sobornos y el gerenciador, Omar Chabán, maximizó el negocio.

Antes de morir, víctima de cáncer que contrajo estando en prisión, Chabán explicó que cuando emprendió la explotación de Cromañón suponía que tenía capacidad para más gente que la que figuraba en los papeles. Lo avalaba que allí mismo, cuando se llamaba “El Reventón” y era un templo de la bailanta, el fallecido cuartetero Rodrigo había reunido a más de cinco mil fanáticos.

Chabán dijo que no sabía y que no fue su responsabilidad. Los jueces creyeron lo contrario.

Una vez que la tragedia se desencadenó, todas las acusaciones apuntaron a un portón que estaba cerrado con cadenas y candados y que hubiera servido como vía alternativa de evacuación, reduciendo la cantidad de muertos.

Si bien había un portón y estaba cerrado, del expediente surge que allí no debía haber un portón sino una pared. Para que el local fuera habilitado por el Gobierno de la Ciudad, ese portón cerrado debió haber sido una pared de ladrillos. Paradójicamente, Cromañón fue habilitado por vía de excepción porque si bien no había una pared, un portón clausurado era más o menos lo mismo. 

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