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Alta Gracia, a 43 años del último golpe a la Democracia

Alta Gracia, a 43 años del último golpe a la Democracia

Era tempranito aquel miércoles 24 de marzo de 1976. Como nunca ocurría, el padre le dijo a su hijo: “dejá, hoy te llevo al colegio en el auto”, se subieron el Gordini verde oscuro y transitaron las pocas cuadras que unían su casa con el Colegio Nacional, donde el pibe cursaba el Primer Año del secundario.

En la inmensidad verde de la puerta del colegio, un cartel anunciando que “hoy no se dictarán clases” fue el mensaje que por todo concepto, las autoridades habían colocado para sus alumnos. En el país había comenzado lo que alguien denominó como “una noche que duró 7 años”. Horas antes, la Junta Militar que había derrocado al gobierno democráticamente elegido anunciaba que tomaba las riendas del país.

Alta Gracia lejos estuvo de ser una isla durante la dictadura. La proximidad con Córdoba, y la cantidad de obreros de las fábricas autmotrices hacían de nuestra ciudad un sitio muy conectado con todo lo que sucedía en la capital provincial. Como si ello no alcanzara, muchos chicos en edad universitaria cursaban sus carreras en Córdoba.

La dictadura no discriminó a la hora de reprimir. No seleccionó a la hora de matar o desaparecer. Como heridas abiertas de aquellos años de terror, Alta Gracia tiene hoy cinco desaparecidos. Personas nacidas o vinculadas a la ciudad que ayer estaban y hoy no están. Que fueron detenidos ilegalmente, encarcelados en condiciones infrahumanas, torturados y asesinados.

Y todo por el simple hecho de pensar distinto y soñar una patria mejor.

Pero a esa lista de cinco hay que agregarle aquellos que solo por ser parientes o amigos, fueron detenidos y también torturados. Gente de barrio, gente grande, arrancados de sus casas en mitad de la noche devueltas días después hechas harapos.

Alta Gracia, como todo el país, tuvo cómplices que encubierta o descaradamente propiciaron los horrores de la dictadura, o directamente les abrieron puertas y los ayudaron. La del 76 no fue una dictadura estrictamente militar. No hubiera tenido ni fuerza para instalarse ni espaldas para sostenerse de no haber contado con patas que la sostengan desde otros sectores de la sociedad política.

Alta Gracia tuvo represores que hoy -justicia mediante- están condenados. Algunos de ellos de por vida. Condenados por esa misma justicia que ellos le negaron a sus víctimas, y condenados por una sociedad que hace rato comenzó a señalarlos con el dedo.

La ciudad también tuvo y tiene luchadores, dispuestos a que la memoria de los que no están, no se pierda. Dicen que los muertos no mueren mientras haya quien los recuerde. Y en eso están cientos que siguen luchando por la Memoria, por la Verdad y la Justicia.

Esta tarde, cuando a las 18 hora de inicio la tradicional marcha del 24 de marzo, todo esto estará resumido en las personas que caminen desde el Reloj hasta la Plaza Mitre. Sin ánimos de venganza, con sed de justicia, con ansias de Memoria.

 

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