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Crónicas al Voleo

Chicos malos: la leyenda de Butch y Sundance

Historia y leyenda de Butch Cassidy y el Sundance Kid
Por Germán Tinti

El 20 de febrero de 1901 Robert LeRoy Parker, Harry Alonzo Longabaug y Ethel Place abordaron en Nueva York el vapor británico Herminius y pusieron proa hacia el sur. Atrás dejaban casi tres lustros que los tuvieron como protagonistas de los más resonantes robos a trenes y bancos de finales del siglo XIX en los Estados Unidos. Los dos hombres, treintañeros, eran conocidos en el país del norte como Butch Cassidy y Sundance Kid. De Ethel no se tienen mayores datos, salvo que era la novia de Sudance (aunque tal vez también de Butch), tenía poco más de 20 años y era docente o prostituta (o quizás las dos cosas, no son oficios excluyentes).

Atrás también venían los hombres de la Pinkerton, la agencia privada de detectives que ofrecía suculentas recompensas por la cabeza de los dos forajidos y que los perseguirían por todo el continente.

Hacia adelante tenían Sudamérica, las pampas y la fascinante y misteriosa Patagonia, destino de inmigrantes valientes, emprendedores, aventureros y –en algunos casos– desesperados. Adelante también estaba el anhelo del trío de abandonar la actividad delictiva y establecerse como hacendados. Durante su breve escala en Buenos Aires se alojaron en el Hotel Europa, en el Bajo, bajo los nombres de James Ryan y Harry Place, abrieron una cuenta en el Banco de Londres y el Río de la Plata, trabaron relación con el vicecónsul norteamericano y adquirieron, gracias a contactos brindados por el funcionario, medio centenar de hectáreas en el valle de Cholila, al noroeste de la provincia de Chubut, en las primeras estribaciones de la Cordillera de Los Andes.

Vecinos notorios

Tres norteamericanos en aquellas lejanías se hicieron rápidamente conocidos. Construyeron una cabaña de troncos en medio de un paisaje de ensueño, que también se convirtió en hogar de paso de otros yanquis que viajaban por la zona.

También pasó por el rancho de Cholila el constructor y empresario Italiano Primo Modesto Capraro, que luego fuera uno de los pioneros en el nacimiento de Bariloche, quien registró sus impresiones del trío: “Sobrios de hablar, nerviosos de mirada fuerte, altos y delgados los hombres, bien vestida la señora, que leía”. A su vez, la cabaña “estaba sencillamente arreglada y se notaba una cierta esmerada limpieza, distribución geométrica de las cosas, cuadros con marcos hechos de cañas, telas de recortes de revistas norteamericanos, muchas y hermosas armas y lazos trenzados con crines de yeguarizos”.

Rancho donde vivieron en Cholila, en la Patagonia de nuestro país.
Gracias a Hollywood

Hay que decir que Butch, Sundance y sus aventuras adquirieron relevancia luego del estreno (hace medio siglo) de la película dirigida por George Roy Hill y protagonizada por  Paul Newman, Robert Redford y Katharine Ross. A partir de entonces se convirtieron en objeto de interés y estudio por parte de periodistas e historiadores, generando documentales, libros y hasta un desopilante cuento del genial Osvaldo Soriano. Con el tiempo se fueron conociendo detalles de su derrotero en el cono sur.

Porque si bien el proyecto original era dedicarse a tareas agropecuarias y vivir una vejez bucólica en un paisaje de ensueño, la vocación tira y cuando tuvieron la oportunidad volvieron a dar un golpe. El 14 de febrero de 1905, junto a Robert Evans, otro prófugo norteamericano que se alojaba en su rancho, asaltaron un Banco en Río Gallegos. Por esa misma época venden el racho de Cholila y su rastro se pierde luego de que cruzan a Chile desde Bariloche. Y es que les había llegado la información de que la Pinkerton ya sabía que estaban en la Patagonia y desde hacía algunos meses tenía al agente Frank Diamio en Buenos Aires, esperando que pasara la temporada de lluvias para emprender el largo viaje.

Pero mientras los detectives los buscaban en la inmensidad de la Patagonia, Butch, Sundance, Ethel y un cuarto hombre que no fue identificado, reaparecieron en Villa Mercedes, para asaltar la sucursal del Banco Nación y alzarse con un botín de 12 mil pesos, para cruzar –se supone– nuevamente la cordillera.

Tras el viejo sueño

En 1906 Ethel decide retornar a Estados Unidos y Sundance la acompaña a San Francisco. Por su parte, Butch se dirige a Bolivia y recala en Santa Cruz de la Sierra, donde desempolva su viejo sueño de establecerse como productor rural. Cassidy tenía 41 años y estaba cansado de cabalgar. En una carta se lamenta: “Oh Dios, si pudiera retroceder 20 años… yo sería feliz. Si no caigo, pronto estaré viviendo aquí”.

Pero cayó. O al menos esa es la teoría más conocida y aceptada: Se volvió a reunir con Sundance y el 3 de noviembre de 1908 se robaron los sueldos de la Mina de Plata “Aramayo Franke y Cia” y se ocultaron en San Vicente, al sur de Bolivia. Tres días después fueron rodeados por policías y militares y luego de un tiroteo que duró toda la noche, se hallaron dos cadáveres en el interior de la vivienda. Aparentemente se habrían suicidado.

¿Murieron en Bolivia?

Sin embargo, una hemana de Butch, Lula Parker Betenson sostiene en su libro “Butch Cassidy, mi hermano” que el pistolero regresó a Estados Unidos y vivió con identidad falsa por muchos años. Inclusive relata detalladamente un encuentro familiar entre ella, Butch, Mark –otro de sus hermanos– y el padre de los tres, aparentemente ocurrido en 1925. Otras versiones lo ponen en París realizándose una cirugía estética. También existen versiones de que Sundance regresó a Estados Unidos y murió en 1937.

De nada existe prueba documental. Los restos enterrados en Tupiza no han podido ser cotejados con descendientes de parientes directos de Butch Cassidy y Sundance Kid. De su regreso a Estados Unidos solamente hay anécdotas y versiones. Otros bandidos rurales que nunca murieron.

Para ello, el historiador británico Eric Hobsbawm, autor de un libro clásico, Bandidos (1969) tiene una teoría: “La resurrección del bandido representa la esperanza de que ‘el campeón del pueblo no puede ser derrotado’. Eso es demasiado romántico. La mayoría de los fugitivos no son los campeones de nadie, sino ellos mismos. Una respuesta más simple es que a la gente le encanta contar historias, verdaderas o no”.

La historia de Butch y Sundance es una gran historia. Y la leyenda siempre llama a la puerta de las grandes historias. Y si a los protagonistas le ponemos la facha de Robert Redford y Paul Newman, mucho más.

Paul Newman y Robert Redford encarnaron a los bandidos en la pantalla grande.

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