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Crónicas al Voleo

¿Cuál es mi nombre?

Por Germán Tinti

 

Ernie Terrell nació el 4 de abril de 1939 en Iverness, un suburbio de St. Louis a tiro de piedra del Mississippi. Sus padres eran agricultores y cuando aún era un niño decidieron mudarse a Chicago.

Hasta aquí, el recorrido lógico de cualquier músico de blues que se precie y se aprecie. Y para ese lado fueron los primeros pasos juveniles de este grandulón. Junto a Jean, su hermana menor, formó la banda “Ernie Terrell & The Heavyweights” (Ernie Terrell y los Peso Pesados”). Grabaron algunos temas en los que se advierte una influencia del soul (una tendencia por esos años) y arreglos jazzeros muy bailables, propios de las big bands que tanto éxito tuvieron entre 1935 y 1950.

Al mismo tiempo, Ernie despuntaba la afición del boxeo y su nombre comenzó a trascender los gimnasios y los festivales aficionados. Tenía un físico imponente, mucho valor y bastante técnica. A los 18 años, en mayo del 57,  tuvo su debut profesional y derrotó (por decisión unánime) en cuatro rounds a Norman Bolden. Un mes después logró su primer knock out, cuando puso a dormir a Andy Bond en el primer round. Ese año completó cinco peleas profesionales y ganó todas, tres antes del límite.

“En el claro, hay en pie un boxeador,
y un luchador de oficio,
y lleva a cuestas los restos

de cada guante que le tumbó
y le cortó hasta que hacerlo gritar
su furia y su vergüenza.
‘Lo dejo, lo dejo’,
pero el luchador sigue”

(“The Boxer” – Simon & Garfunkel)

Ernie y Jean Terrel, en sus tiempos de cantantes de soul.

A la hora de hacer balances, llegó a la conclusión de que los puños le rendían más que la música y cuando tuvo que optar, prefirió el ring antes que el escenario. Su carrera fue en ascenso, primero en el estado de Illinois, donde se consagró Campeón estatal en 1960, cuando venció a Joe Hemphill. Dos años después, el 9 de junio de 1962, llegó al coliseo mayor del boxeo mundial: en el cuadrilátero del Madison Square Garden superó por fallo unánime del jurado a Amos Lincoln. Las grandes luces del deporte de los puños ya iluminaban a Ernie Terrell.

Paralelamente, otro boxeador estaba construyendo una ascendente carrera. Era –para los cronistas de la época– simplemente maravilloso. Había ganado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Roma, realizados en 1960, y ese mismo año había debutado como profesional. Cassius Marcellus Clay Jr estaba haciendo hablar al mundo del box, su trayectoria era espectacular. Tanto que en 1964 venció en 7 asaltos a Sonny Liston y se quedó con el título mundial unificado (WBC y WBA, por esos años había solamente dos asociaciones). Pocos días después del combate, como consecuencia de su acercamiento a la religión musulmana y su contacto con la organización “Nación del Islam”, como así también con Malcom X, cambió su nombre a Muhammad Ali (“Clay es mi apellido esclavo” declaró). En junio, la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) lo despojó del título, alegando irregularidades en la concertación de la pelea con Liston, aunque quedó subyacente la idea de que su acercamiento al Islam había sido el verdadero motivo.

Alí y Terrel se pelearon en la presentación de la pelea… y no fue actuado.

Pues bien, había un título vacante y Ernie Terrell estaba allí para luchar por él. La oportunidad se presentó el 5 de marzo de 1965. En  el Anfiteatro Internacional de Chicago venció por fallo unánime a Eddie Matchen y se quedó con el cinturón ecuménico de los pesados. Desde entonces, los caminos de Terrell y Alí estaban destinados a cruzarse. Y se cruzaron en 1967.

Después de dos defensas, el siguiente escollo era el hombre de Louisville, quien ya era una celebridad en todo el mundo, tanto por su incomparable estilo dentro del ring, como por su fuerte protagonismo fuera de él, apoyando causas por los derechos civiles y manifestándose en forma crítica con respecto a la política exterior de los Estados Unidos.

La previa de la pelea fue histórica. Terrell tuvo la discutible idea de llamar a su contrincante “Cassius Clay”, algo que a Alí lo ponía fuera de sí. No es difícil encontrar hoy en internet la entrevista que ambos púgiles le dieron a Howard Cosell para la televisión. Terrell le dijo “Clay” a Alí y este se refirió a su contrincante como un “Tío Tom” (un insulto utilizado por los negros estadounidenses para referirse a los negros muy serviciales con los blancos o simplemente poco reivindicativos). Entonces se pudrió todo y de las palabras pasaron a los empujones, a punto tal que debieron ser separados por asistentes mientras el presentador trataba de mantener la compostura, siempre mirando a cámara, como corresponde. “¿Cuál es mi nombre?” gritaba Alí mientras era retirado del estudio.

El combate duró los 15 rounds, y los cronistas lo describieron como “especialmente brutal” por parte de Muhammad Alí (“’un ejercicio de brutalidad’ y así sólo debe considerarse. La brutalidad de un negro contra una persona de su raza», escribió Ángel Zúñiga, corresponsal de La Vanguardia en Nueva York, el 7 febrero de 1967). A cada golpe que impactaba sobre la humanidad de Terrell, la pregunta llegaba como una letanía: “¿Cuál es mi nombre?”. Alí bailoteaba alrededor de defensor del título, golpeaba y preguntaba “¿cuál es mi nombre?” Dicen los que saben que podría haberlo noqueado en poco tiempo, pero que no quiso; su intención era dejar un mensaje: “no me llamen Clay, soy Muhammad Alí”.

Después de ese combate, Ernie Terrell no tuvo una nueva oportunidad por el título mundial, hizo una decena de peleas más, con suerte dispar y se retiró definitivamente el 10 de septiembre de 1973, cuando en el Madison Square Garden perdió por nocaut técnico con Jeff Merrit. En el medio se dio el gusto de actuar como personaje secundario en algunos capítulos de la serie Tarzán, protagonizada por Ron Ely.

Terrell falleció el 7 de enero de 2015, a los 75 años de edad. Después del boxeo se había dedicado, fundamentalmente, a la producción musical. Volvió a sus orígenes, con la sombra de Muhammed Alí bailoteando a su alrededor y preguntándole “¿cómo me llamo?”

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