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Crónicas al Voleo

Cuando Camilo fue Jesús

Camilo Sesto, definitivamente más que una cara bonita cantando melosas canciones románticas.
Por Germán Tinti

Hace seis meses se iba de gira Camilo Sesto. Durante casi medio siglo fue un referente ineludible de la música romántica hispanoamericana. Integrante de una quinta de cantautores españoles que marcaron un antes y un después de la música ibérica. Podemos nombrar a Julio Iglesias, Joan Manuel Serrat, Nino Bravo y Miguel Ríos entre otros íconos que nacieron a la fama y el éxito internacional en esa misma época.

Camilo Blanes Cortés había nacido en Alcoy, una pequeña ciudad de Alicante. Sus primeros pasos en la música habían sido como cantante del grupo pop Los Dayson, con el que cantaba en bodas y bautismos interpretando canciones de The Beatles, los Bee Gees, el Dúo Dinámico y las primeras composiciones del propio Camilo. Grabaron un disco y llegaron a Madrid para participar en un concurso de talentos de TVE. Y Camilín no se fue nunca más de la capital española. En pocos años se convirtió en un éxito a nivel nacional, realizando giras multitudinarias con el aforo a tope meses antes de las funciones. Para cuando comenzó la década de 1970 ya era una verdadera estrella de la canción hispana; los discos de oro y platino se iban acumulando por montones en sus vitrinas. Al primero lo recibió en 1972, cuando realizó sus primeras presentaciones en Argentina). Por aquella misma época, Camilo asistía al magnífico Palace Theatre del West End londinense para presenciar un espectáculo que le marcaría su futuro inmediato.

Un Jesús pop

En 1970 se había editado el álbum conceptual Jesus Christ Superstar, una ópera rock con letras de Tim Rice y música de Andrew Lloyd Webber, que entre otras nimiedades compuso “Don’t cry for me, Argentina”. Esta adaptación libre de los Evangelios relata la última semana de la vida de Jesús de Nazaret. Un año después se estrenaría el musical en los escenarios de Broadway y en 1972 se realizaría la versión británica en el distrito teatral de Londres. Se realizaron 3.358 funciones durante los ocho años que se prolongaron las representaciones. A pesar de que posteriormente su récord ha sido batido por otros títulos, el 3 de octubre de 1978 Jesucristo Superstar se convirtió en el musical de mayor permanencia en cartel en la historia de Londres al superar a Oliver!, la versión teatral de la novela de Charles Dickens, Oliver Twist.

También hubo una versión fílmica dirigida por Norman Jewison que se estrenó en 1973. Anécdota autorreferencial intrascendente: Allá por mediados de los 80 pude ver Jesucristo Superstar en una doble función con Woodstock en un céntrico cine club que todavía resiste en la calle 27 de Abril al 200. En la sala todavía debe haber olor a porro de aquellos días.

El Papa y la censura franquista

Lo cierto es que Camilo Sesto se obsesionó con la obra a punto tal de que decidió comprar los derechos para hacerla en España. “La vi de pie y de piedra me quedé. En ese momento me dije: ‘Esto se tiene que ver en España y la tengo que hacer yo, solo yo’”, expresó casi 40 años después. Invirtió casi 80 mil dólares en la compra de derechos y la producción. “Fue muy arriesgado mi propio empeño en salir adelante, sin ningún tipo de subvención, patrocinio, sponsor ni ayuda económica. Fue únicamente mi propio bolsillo quien sufragó los gastos que costó la producción”.

Sin embargo, no era una empresa fácil poner en cartel en la ultracatólica España de 1975, que soportaba los últimos tramos de la dictadura franquista, una obra teatral de indisimulable espíritu herético. Jesucristo Superstar se empeña en desdivinizar la figura del hijo de María, poniendo el acento en su faceta puramente terrenal y finita. Se llegó a afirmar que el propio Papa Paulo VI le bajó el pulgar a la obra que mezclaba temas sacros con música de rock y alusiones modernas que provocaban escozor en el sector más conservador de la iglesia católica. La versión española debía superar el filtro de un grupo de censores y sus esposas, gentes de intachable moral, esmerada formación y nula cultura. Como si esto fuera poco, Franco agonizaba y eso sumía al establishment dominante en un clima de velorio preventivo, tipo no hagan ruido para no asustar al anciano”.

Jesús, pasión de multitudes

A pesar de todo, la producción siguió adelante, se conformó el elenco, que sería dirigido por Jaime Azpilicueta, quién también se ocupó de la adaptación de las canciones junto a Nacho Artime. Camilo reservó para sí el papel de Jesús. María Magdalena sería interpretada por una hasta entonces poco conocida Ángela Carrasco. Teddy Bautista, entonces líder de la banda de rock progresivo Los Canarios interpretó a Judas (y lo hizo incluso fuera del escenario).

La obra se estrenó, con gran éxito, el 6 de noviembre. No fue este un día más en la historia de España. En esa jornada se había confirmado a Carlos Arias Navarro como Presidente del Gobierno y el príncipe Juan Carlos asumía la jefatura del Estado en medio de lo que era un estado agónico de Francisco Franco.

En medio de la conmoción sociopolítica que vivía la península en vísperas de la muerte del generalísimo (que finalmente ocurriría el jueves 20), no faltaron protestas en contra de la obra. Amenazas de bombas para impedir el estreno y fuertes críticas en los diarios conservadores como el ABC, El Alcazar y El Mundo, con titulares del tipo “Anticristo Superstar”.

No obstante, Jesucristo Superstar, presentado en el Teatro Alcalá Palace del distinguido barrio del Retiro, fue la sensación de la temporada teatral de invierno en Madrid. Permaneció en cartel durante 5 meses con funciones a sala llena.

Judas, el regreso

Como en la obra de Tim Rice y Andrew Lloyd Webber, la puesta en escena española tiene un Judas que se manifestó fuera de las tablas y lejos de las bambalinas. Años después, cuando Camilo Sesto ya era un  prócer de la canción hispana, Teddy Bautista, Judas en la obra, era un discreto músico que fue elegido Presidente de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), una especie de SADAIC español. Estando esa función Bautista notó que Camilo había olvidado renovar los derechos de autor de la obra. En homenaje a los buenos tiempos, Teddy decidió no decirle nada y apropiarse de esos derechos. En síntesis, se afanó una obra icónica de la cultura española del siglo XX. No fueron las únicas trastadas que hizo el canario en la SGAE. De hecho, varios de sus turbios manejos lo llevaron a unas vacaciones forzadas en la cárcel, aunque luego recuperó la libertad y… lo volvieron a elegir para que maneje los derechos de autor de los músicos españoles.

Camilo se lo echó en cara en vivo, en un homenaje que le hicieron a ambos (junto a Ángela Carrasco) en Elche hace algo más de una década.

“Fui Jesucristo por última vez el 28 de febrero de 1976”. No hay delirio místico en esta expresión del artista que un buen día decidió poner en juego una exitosa carrera para demostrar (al mercado, al público, a sí mismo) que era más que un chico carilindo que cantaba tiernas canciones de amor.

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