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Crónicas al Voleo

El hombre que viajó a Marte

Los increíbles relatos de Andrew Basiago, el hombre que cuenta cómo es el planeta rojo.

Por Germán Tinti

Una persona afirma seriamente que ha viajado a Marte más de 40 veces, utilizando un método conocido como “teletransportación” y que probablemente –esto ya es una suposición de quien esto escribe– hayan terminado de desarrollar el Capitán James T. Kirk, el Sr. Spock y el resto de la tripulación del Enterprise, incluida la siempre eficiente y despampanante Teniente Uhura.

Nunca está de más recordar a la Teniente Uhura, claro está.

Lo primero que hay que decir que estas declaraciones no las hizo el abogado Andrew Basiago desde una habitación acolchada del tenebroso Pennhurst State School and Hospital de Pensilvania, en parte porque cerró en 1987,  pero fundamentalmente porque Basiago nunca estuvo bajo atención psiquiátrica. Un desastre la salud pública.

Este abogado de Vancouver, un suburbio de Portland, en el extremo noroeste de los Estados Unidos, dice haber formado parte, desde su niñez, del Proyecto Pegaso, un supuesto plan gubernamental que permitía viajar en el tiempo y el espacio. Basiago relata que su padre fue un científico de la CIA, y como tal, tenía acceso a una serie de proyectos secretos del Ministerio de Defensa norteamericano. En 1967, fue reclutado para realizar estos viajes. Estos experimentos utilizaban niños psíquicos básicamente, porque eran mejores que los adultos para adaptarse a las consecuencias psicológicas de los viajes espacio-temporales. En los entrenamientos, y con la ayuda de unos aparatos llamados “cronovisores” donde veían imágenes holográficas tanto del pasado como del futuro de distintas líneas de tiempo.

La escena doméstica podría haber sido así:

– Querida, me lo llevo a Andrewcito al trabajo.

– ¿Qué van a hacer, gordi?

– Lo vamos a usar para experimentar la teletransportación a través del tiempo y el espacio.

– Ah, ok. ¡Andrew, ponete calzoncillos limpios, y llevá un abrigo!

Teletransportación, Obama y los anticuchos

Según la teoría de este buen señor, la CIA utilizaba bases secretas subterráneas donde habían desarrollado este prodigio de la teletransportación. Aquí viene la cita que pretende hacer irrefutable el delirio: Habría sido Nikola Tesla quien desarrolló un aparato que extrae la energía radiante del continuo espacio-tiempo. La energía radiante es la que predomina en el Universo, dicen que dijo Tesla.

Y así, en medio de ese tsunami de turismo temporo-espacial, es como Andrew Basiago llegó un buen día a Marte. Los viajes al planeta rojo los hizo (dice él) entre 1981 y 1984. Sostiene que en uno de esos viajes se cruzó con Barack Obama, que ya sabía que iba a ser presidente y se estaba preparando para ello. Habrá ido al planeta de viaje de egresados, andá a saber.

«Nos subían de a diez a un ascensor, que durante unos quince minutos cambiaba de forma y cuando se abría la puerta, estábamos en una base espacial en Marte, que parece un desierto con olor a waffles quemados. Sin embargo, es habitable por humanos, sólo un poco difícil respirar al principio, como si se estuviera en el pico de una montaña muy alta», describió Basiago. En los alrededores de ciudades como La Paz o Potosí pasa lo mismo, salvo por el asuntillo de los waffles. Allá son más del anticucho.

H.G. Wells, Asimov y Emmett Brown

Según explica Basiago, cuando llegó por primera vez a Marte y tras explorar su entorno por algunos minutos, llegó a la conclusión de que estaba en el interior de una cueva. Cualquiera que haya viajado un poco reconoce una cueva de Marte enseguida. Al salir al exterior, tres jóvenes salieron a recibirlo y fue entonces que se encontró con una colonia humana construyendo viviendas

Pero nada de esto lo sorprendió tanto como constatar que existía una civilización nativa que vivía (¿vive?) en el inframundo marciano. Según Andrew «un humanoide nos recibió una vez, nos comunicamos por telepatía y nos llevó al lugar que construyeron en el interior del planeta: una ciudad admrable, que parece hecha por Gaudí, está llena de formas armónicas y curvas». Nada dice si las paredes están decoradas con azulejos rotos.

El Doc bien podría ser parte de esta historia.

La historia que nos cuenta Andrew Basiago nos lleva por lo más selecto e inmortal de la ciencia ficción. Abreva en “La guerra de los mundos”, se alimenta del genio creativo del Isaac Asimov, se sazona con Star Treek y Star War, viaja alocadamente en DeLorean con el Doc Emmett Brown, espadea con Connor MacLeod y Juan Sánchez Villalobos Ramírez, toma café con Juan Salvo y sale de joda con Gilgamesh.

Conferencista internacional

Pero lo más sorprendente de todo es que este muchacho no está en una institución siquiátrica. Es más, se mueve en libertad por decenas de países en donde mucha gente paga entradas para escuchar su historia. Y la mayoría no hace un consumo irónico, sino que están convencidos de que el hombre es un sabio. De hecho, en 2014 estuvo en nuestra provincia y fue la estrella del XVII Congreso Internacional de Ovnilogía que se realizó en Capilla del Monte.

Evidentemente, en Córdoba no le hacemos mala cara a nada ni a nadie.

Lo cierto es que nuestro planeta vecino, al igual que la luna, es fuente de inspiración para soñar aventuras fantásticas y conspiraciones globales. Existe una corriente de pensamiento que afirma que, así como el hombre no llegó a la luna y todo fue un montaje dirigido por Stanley Kubrick, todas las imágenes del planeta rojo han sido filmadas en la isla de Devon, ubicada en Nunavut, Canadá, a medio metro del círculo polar ártico.

Cydonianos y Utopianos

Así es que vamos de un lugar donde existen colonias humanas desde hace varias décadas a fotos y filmaciones fraguadas. Y en el medio una guerra nuclear alienígena. Al menos esto es lo que sostiene el doctor John Brandenburg (son todos doctores estos chantapufis), que afirma que existieron civilizaciones humanoides viviendo en Marte que fueron destruidas por una fuerza nuclear invasora.

Los humanoides indígenes de Marte, según Branderburg.

Brandenburg sostiene que las dos especies de humanoides indígenas con un nivel social avanzado similar al del antiguo Egipto, los Cydonianos y los Utopianos,  fueron destruidas por supuestas estructuras creadas por una inteligencia superior. Aunque también podrían haberse autodestruído ellos solos, de puro torpes. «Qué se yo, estoy re loco, jajaj» dicen que habría comentado Brandenburg, aunque el dato no está suficientemente chequeado.

Y mañana serán películas

Desde tiempos inmemoriales el hombre ha estado convencido que debe existir vida en algún otro lugar del universo. Incluso vida inteligente. Por algún complejo de inferioridad muchos tienden a creer que son más evolucionados que nosotros, sin que exista absolutamente ningún indicio serio de ello.

Desde tiempos inmemoriales el hombre también ha desarrollado teorías conspirativas, muchas de ellas intersantísimas, pero que dependen de una infinta cadena de complicidades, silencios y casualidades y que si se sigue el hilo hasta el final se llega a la conclusión de que no está atado a nada. Pero casi siempre terminan convertidas en fastuosos éxitos cinematográficos.

Hollywood no cree en extraterrestres, pero los filma.

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