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Crónicas al Voleo

El reino inventado por un pastor y sus dos esposas

El reino inventado por un pastor y sus dos esposas

Por Germán Tinti

 

Las mesas mejor ubicadas del restaurante permiten tener una vista privilegiada del mar Tirreno. Según las páginas web que recomiendan restaurantes de todo el mundo, se puede ordenar con confianza unos malloreddus con salsa de mariscos, o bien fregula alla vongole, o tal vez una sepia a la parrilla. Todo acompañado con el típico panne carasau rociado con aceite de oliva y regado con un vermentino bien helado.

Si el viajero tiene suerte, a la comida se la servirá el mismo dueño del local. Y si la clientela ese mediodía no es mucha, le contará la historia de su familia, la dinastía real de Tavolara, el reino más pequeño del mundo.

El reino inventado por un pastor y sus dos esposas
El Ristorante, atendido por sus propios reyes.

Le contará que su tatarabuelo, Giuseppe Celestino Bertoleoni Pol, llegó a la isla en 1807, junto a sus dos esposas.

¡¿Cómo?!

Dos hermanas habían aceptado unirse en matrimonio con este pastor de ovejas nacido en la Isla La Maddalena, contraviniendo la estricta normativa católica que condenaba (en esta vida y en la otra) la bigamia. Por eso, el amoroso trío puso proa a esta rocosa y por entonces deshabitada isla, sólo poblada por cabras y ubicada a pocas millas de Porto San Paolo, al norte de la Isla de Cerdeña.

En 1836 llegó al precario muelle de esta rocosa isla una embarcación oficial del Reino de Cerdeña. El mismísimo Carlos Alberto de Cerdeña, heredero de la Casa de Saboya, Rey de Cerdeña, Duque del Piamonte y Príncipe de Carignano. El noble visitante llegaba en una excursión de caza, atraído por la fama que había adquirido la población caprina del lugar, conocidas como “cabras con dientes de oro” por presentar una dentadura amarilla, producto de su alimentación basada en algas típicas de la zona (algunos reyes cazaban elefantes, otros congoleños, este cabras. La monarquía es así).

A Carlos Alberto le causó gracia que su ocasional anfitrión, para no ser menos, se presentara como el soberano del lugar y luego de la excursión reconoció formalmente a Giuseppe Bertoleoni como Rey de Tavolara.

El reino inventado por un pastor y sus dos esposas
Tavolara tiene aún hoy su escudo real, reconocido por la monarquía europea.

Giuseppe creyó que tendría una buena anécdota para contarle a sus nietos en las oscuras noches mediterráneas y nada más, Pero a los pocos años, otra nave de la flota sarda llegó para entregar una cédula real en la que confirmaba la monárquica designación y otorgaba el título de Príncipe a sus hijos.

Menos de una década después, murió Giuseppe I y asumió el trono su primogénito, Paolo I. Y fue durante su reinado que se produjo el segmento final del proceso de unificación de Italia, que culminó en 1860 sin que nadie se acordara de Tavolara, que finalmente no fue incluida en ese histórico acuerdo y que por gestiones que realizó Paolo, fue reconocida como territorio independiente por la naciente República Italiana.

Si bien territorialmente no era importante, Tavolara tenía alguna relevancia estratégica. Por ese motivo, Italia le donó un faro que fue construido en el extremo nordeste de la isla.

El reino inventado por un pastor y sus dos esposas
Tumba Real de la Casa de Tavolara.

Acorde a la tendencia imperante en Europa en esos tiempos de monarquías débiles y cuestionadas por las ideas que desde hacía varias décadas llegaban desde América, en 1886, Tavolara se convirtió en una República. Gobernada por un residente y un Consejo de seis representantes, elegidos cada seis años (Consejo de seises) por el voto de todos los pobladores de la isla (55 personas). Su tercer presidente fue elegido en 1896. Durante su mandato, Víctor Manuel III reconfirmó la soberanía de la isla al firmar un tratado de amistad.

No obstante ello, y en virtud de la emigración de buena parte de la población, se reinstaló la soberanía y nuevamente la Casa Bertoleoni asumió el trono tavolaro, en la persona de Carlo I, que ejerció sus funciones hasta 1928, cuando falleció. Fue a Carlo y su familia a quienes fotografiaron los emisarios de la Reina Victoria de Inglaterra para la colección real que se conserva en el Palacio de Buckingham

Su sucesor, Paolo II, no fue coronado porque de niño fue a vivir al continente, razón por la cual en el trono quedó su tía Mariangela, que murió soltera en 1934, dejándole el reino a Italia. Esto no fue impedimento para que Paolo reclamara sus fueros y derechos reales sobre la rocosa elevación insular.

La documentación nunca llegó, pero el mundillo monárquico suele tener sus propias reglas y en las listas reales de Europa siempre figuraba el apellido Bertoleoni. No obstante ello, no pudo ver sus sueños convertidos en realidad y Paolo II murió en 1962 sin que Italia le devolviera la soberanía a Tavolara. Más aún, ese mismo año comenzó la construcción de una base de comunicaciones de la OTAN.

Pero los Bertoleoni no dieron el brazo a torcer.  A Paolo lo sucedió en el reclamo otra de sus tías, María Molinas Bertoleoni que obtuvo al menos el reconocimientos de sus pares en la nobleza y cuando cumplió 100 años, en 1969, fue reconocida como la titular más vieja de Europa en un trono.

Tumba real de la Casa de Tavolara.
Tavolara, el reino más pequeño del mundo, a orillas del mar Tirreno.

Llegaba el tiempo de que Antonio, el segundo hijo de Paolo (el primero, Carlo II, no había “asumido” el reinado) continuara la lucha por recuperar la dinastía. Y por ese motivo logró ponerse en contacto con Vittorio Emanuele di Napoli cuando este noble abandonó el exilio y regresó a Italia en 2002.

Pero los sueños monárquicos no se pagan solos y por eso el Ristorante “Tonino Re di Tavolara” sigue funcionando, a pocos metros del embarcadero en el que amarran ferris y yates con turistas que llegan a admirarse con las bellezas naturales de este peñón enclavado en las azules aguas del Tirreno. Y toda la familia real está abocada en atender a los visitantes como si de emisarios reales se tratara. La Princesa Loredana se ocupa de la caja, su hermana –la Princesa Paola– oficia de maitre y Giuseppe, Príncipe Heredero y portador del nombre de su chozno, el fundador de la dinastía, está al mando de la cocina.

Tavolara, el reino más pequeño del mundo.
La familia real atiende a los turistas en el Ristorante. Un lujo.

Y el Rey, si no hay mucha clientela, tal vez sorprenda a algún cliente distraído y –mientras este da cuenta de sus spaghetti alla pescatora– le cuente la historia de su familia, desde aquellos tiempos en que un pastor de ovejas bígamo huyó de la rígida moral cristiana con dos hermanas que se habían convertido en sus esposas.

 

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