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Editorial

La delgada línea entre la prevención y la histeria colectiva

El COVID-19 nos pone a prueba como personas y como sociedad. Se hace complicado caminar al límite en la toma de decisiones.
Por Juan Carlos Gamero

El Coronavirus nos está poniendo a prueba como personas, y como sociedad. El riesgo latente de la propagación del virus ha provocado todo tipo de acción y reacción en la gente.

Lo primero que hay que poner en claro es que al virus hay que respetarlo. Temerle, llegado el caso si ello nos ayuda a fortalecer nuestros radares defensivos. Pero cuando menos, respetarlo. Respetar al virus es respetar a los demás. De un estado de emergencia nunca puede salirse individualmente. Se sale entre todos, a partir de la responsabilidad cívica y la solidaridad.

Se han suspendido las clases. Una medida que oficialmente se tomó ayer, pero que la preocupación (cuando no la paranoia) generalizada de los padres hacía que virtualmente se llevara adelante hubiera o no decisión oficial. Terminó dando la impresión que cerrar los colegios hasta fin de mes fue una medida tomada más por la presión social que por basarse en argumentos científicos o médicos.

Ahora, el Estado deberá resolver qué hará y cómo hará todo este tiempo con aquellos miles de niños que tienen por única comida del día, aquella que le servían en los colegios. Porque este aspecto también forma parte de una realidad social que nos toca vivir con o sin COVID-19.

Es muy complicado caminar sobre la delgada línea que existe entre la prevención y la paranoia. Obliga a hacer equilibrio para, por un lado no relajarse y por el otro, no caer en el precipicio de la desesperación. Esta enfermedad nos pone a prueba, es un examen de carácter para todos nosotros.

Para los periodistas, que tenemos la misión de informar y a la vez de trazar el límite entre lo informativo y lo alarmante. También para el ciudadano común, que deberá pensar no sólo en sí mismo sino en el hecho colectivo; para el comerciante que tendrá que entender que no todo es negocio y dinero, fundamentalmente en tiempos de emergencia. Para los políticos (gobernantes u opositores) que deberán darse cuenta que hay que hacer momentáneamente de lado cuestiones ideológicas y remar todos en el mismo bote.

El número de atención a posibles casos de contagio está saturado con cientos de mensajes de gente que -por una razón u otra- cree, piensa o está convencida que contrajo la enfermedad. Eso lleva a que a veces no se responda de la mejor manera. Será responsabilidad de todos mejorar ese canal de comunicación. De unos, saber que no todo resfrío necesariamente es coronavirus, y de los otros, darse cuenta que están en una posición donde deben dar soluciones, por saturados y cansados que estén.

No es sencilla la tarea por estos días, para nadie. A lo largo de este texto, hemos mencionado varias palabras que considero claves: responsabilidad, solidaridad, respeto. Uno cree que de situaciones límites, una sociedad resurge cambiada. Esperemos que ello ocurra a partir de esta peste virósica, y que ese cambio traiga consigo valores sociales que hace tiempo parece que hubiéramos extraviado.

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