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Crónicas al Voleo

La Guerra del Emú

La Guerra del Emú

Por Germán Tinti

 

El emú común, cuyo nombre científico es Dromaius novaehollandiae, es un ave no voladora de gran tamaño (después del avestruz, la segunda más grande) que llega a medir 2 metros, suele pesar unos 45 kg. y su plumaje es de color castaño. Su aspecto es decididamente feo y es lo más parecido que se puede encontrar en la vida real a Abelardo Montoya, el personaje de Plaza Sésamo. Habita en Australia, el continente de los bichos raros, y puede recorrer en manada grandes distancias al trote y si es necesario corriendo a toda velocidad, alcanzando los 50 kilómetros por hora durante varios kilómetros. Son nómadas, y acostumbran viajar grandes distancias para encontrar comida, la cual se compone de plantas e insectos.

La Guerra del Emú

Luego de la Primera Guerra Mundial, el gobierno le entregó a militares veteranos australianos y británicos algunas fracciones de terreno ubicados en Australia Oriental. Estos colonos construyeron en el desértico territorio un extenso sistema de riego que les permitió dedicarse con éxito al cultivo del trigo. Pero la prosperidad de estos productores significó el crecimiento de la población de emús, que comenzaban a disponer de alimento en cantidad y sin tener que trasladarse demasiado. Abelardo Montoya… perdón, el emú se convirtió en plaga y, en consecuencia, en un verdadero problema. Sobre todo desde 1929 en adelante, porque la Gran Depresión originada en el otro lado del mundo afectó el precio internacional del trigo y los productores del Este de Australia comenzaron a ponerse nerviosos. Además, por si la destrucción de los cultivos no fuera suficiente daño, los emús –con su gran envergadura– se caracterizaban por romper las cercas, permitiendo que animales más pequeños y dañinos (principalmente conejos) entraran a los sembradíos. Se calcula que una población de más de 20 mil emús invadió en pocos años la región, para desgracia de los agricultores.

 

Filet de emú con arroz y salsa carmenere: Se sazona el filet de emú y se lo sella en una sartén con aceite de oliva. Luego se lleva al horno precalentado a 180º. Al tiempo, se prepara un arroz con ciboulette y nueces picadas y semillas de sésamo. Para la salsa, en la sartén en la que se selló la carne se carameliza azúcar, se añade vinagre, el vino carmenere y se deja evaporar el alcohol, se baja el fuego, se agrega caldo de carne y se cocina hasta que reduzca.

 

Como quedó dicho, la mayoría de los colonos eran militares veteranos. Entonces decidieron acudir a un ex compañero de armas: el Ministro de Defensa, Sir George Pearce, a quien le pidieron que les proveyera un par de ametralladoras Lewis, una vieja amiga de los militares australianos y británicos que la habían utilizado durante la gran guerra. A Pearce le pareció un buen plan y se acordó que las armas serían manipuladas por personal militar, del transporte de las tropas se ocuparía el gobierno de Australia Occidental con sede en Perth, y los agricultores proporcionarían comida y alojamiento a los milic… soldados, además de pagar las municiones. Sir Pearce también creyó que el despliegue sería una buena práctica de tiro para los soldados, además de un incentivo propagandístico hacia los desolados agricultores de Australia Occidental; por esta razón, se envió también a un director de fotografía de la Fox.

 

Emú al horno con especias: En un mortero se muele el cardamomo, el enebro, pimienta, semillas de cilantro, ajo y aceto; se pincelan generosamente dos bifes de emú y se deja macerar. Luego se sellan en manteca y aceite y se lleva a horno fuerte unos 15 minutos. Servir con salsa de champignones y ensalada tibia de hinojos y tomates cherry.

 

Las operaciones deberían haber comenzado en octubre de 1932 bajo el mando del Mayor Gwynydd Purves Wynne-Aubrey Meredith, perteneciente a la 7ª Batería pesada de la Real Artillería Australiana. Meredith contaba con una fuerza de dos soldados, dos ametralladoras Lewis y diez mil municiones. Por cuestiones climáticas recién se iniciaron las acciones el 2 de noviembre, cuando las fuerzas detectaron un batallón de unos 50 infantes (o sea, emúes) en las cercanías de Chandler. El sargento McMurray y el artillero O’Halloran fueron comisionados para atacar a los objetivos. Junto a un grupo de colonos intentaron emboscar a las tropas enemigas, que en un inesperado movimiento se dividieron en pequeños grupos que corrieron en distintas direcciones. A pesar de esto, se pudo constatar algunas bajas entre las fuerzas emplumadas.

La Guerra del Emú

Fue más de un mes de hostilidades, en la que los militares australianos persiguieron infructuosamente a los ágiles emúes, que una y otra vez los humillaban. Los plumíferos sumaban bajas, pero ello no afectaba su capacidad de repliegue ordenado. El ornitólogo Dominic Serventy comentó que “era evidente que el mando emú había ordenado tácticas de guerrilla, y su abigarrado ejército pronto se dividió en innumerables unidades pequeñas que hicieron poco rentable el uso del equipo militar. Por lo tanto, una parte de la fuerza se vio obligada a retirarse del área de combate.”

La Guerra del Emú
Sir George Pearce, el ministro que le declaró al guerra a los Emúes.

A esta altura de las hostilidades, Sir George Pearce, que ya había sido apodado “Ministro de la Guerra del Emú”, debió ceder a las crecientes presiones de la oposición y de conservacionistas y el 10 de diciembre ordenó a Meredith el cese de las acciones. En su informe, Meredith expresó que el enemigo había sufrido 986 bajas, producto de que se dispararon 9.860 cartuchos, a un ritmo de exactamente 10 cartuchos por baja confirmada. Además, Meredith afirmó que 2.500 aves heridas habían muerto como resultado de las lesiones que habían sufrido, aunque se sospecha que este dato es absolutamente incomprobable.

 

Emú en escabeche: calentar aceite con una cabeza de ajo, sin que llegue a hervir y luego dejar enfriar. Poner la carne de emú en un bol y añadirle el aceite saborizado, vinagre y 4 hojas de laurel, agregar una generosa cucharada de pimentón dulce y pimienta negra en grano. Dejar macerar 24 horas. Cocinar en sartén, añadir el adobo y servir con papas al natural.

 

A pesar del evidente fracaso, los agricultores de la región volvieron a pedir asistencia militar en 1934, 1943 y 1948, pero la respuesta del gobierno fue negativa en todos los casos. Lo que parece que resultó eficaz fue el sistema de recompensas. Se reclamaron cerca de 60 mil durante el primer semestre de 1934, y se calcula que entre 1945 y 1960 se ultimaron unos 300.000 emús.

La Guerra del Emú

En la actualidad el emú se cría en granjas y su carne se exporta con gran suceso a Europa y Estados Unidos. Se puede aprovechar hasta un 95% del animal, que es procesado cuando tienen entre 12 y 16 meses. Cada ejemplar puede producir de 12 a 16 kilos de carne, 5 litros de grasa, 0.75 m2 de cuero y medio kilogramos de plumas.

 

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