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Crónicas al Voleo

Los Lunes de Aguas y el Padre Putas

Los Lunes de Aguas y el Padre Putas

Por Germán Tinti

 

Caminando por la calle Álvaro Gil, tal vez yendo a conocer la Casa de Doña María La Brava o el imponente edificio de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales, o tal vez su magnífica Catedral, al visitante de la universitaria ciudad de Salamanca le llamará la atención el nombre del bar – mesón: El Padre Putas. Si no hay mucha clientela podrá sentarse en una de sus mesas, pedir un pincho de morcilla, una caña y dejar que Juan, el dueño del negocio junto a su pareja Mette, le cuente la historia del llamativo nombre.

Los Lunes de Aguas y el Padre Putas
Hasta acá acuden hoy los turistas, buscando un trago, y que le cuenten la historia del Padre Putas.

La Universidad de Salamanca es la cuarta más antigua del mundo. Fue fundada en 1218 y desde entonces está entre las más prestigiosas del planeta. Desde los primeros años llegaron a sus claustros estudiantes de toda España y Europa, primero, y de todo el mundo luego de la epopeya de don Cristóbal. Manuel Belgrano fue un destacado estudiante de Derecho en Salamanca.

A principios del siglo XVI la población estudiantil de la ciudad ascendía a unas 8 mil personas. Si se tiene en cuenta que para ese entonces Madrid contaba con poco más de 11.000 habitantes, es posible imaginar la magnitud que había adquirido la ciudad.

Los Lunes de Aguas y el Padre Putas

A fines de mediados de ese siglo llegó a la ciudad Felipe II, el joven Príncipe heredero de la corona española, para casarse con María de Portugal. A partir de esta boda, Felipe fue acumulando sucesivamente los títulos de ser rey de España, de Nápoles y Sicilia, de Portugal y los Algarves, y de Francia e Inglaterra e Irlanda por su matrimonio con María. Además, los miembros de la real pareja fueron proclamados Defensores de la Fe, Príncipes de España y Sicilia, Archiduques de Austria, Duques de Milán, Borgoña y Brabante, Condes de Habsburgo, Flandes y el Tirol. Vaya currículum.

La boda generó una gran expectativa popular en Salamanca, entusiasmo que se vio reflejado con festejos, corridas de toros, juegos de cañas, justas y torneos, además de juergas, bailes y borracheras y jolgorio ininterrumpido durante una semana.

Todo esto provocó el asombro y el escándalo del principito que, dentro de su rectitud cuasi monacal quedó perplejo y espantado con tamaño espectáculo. Y es que la ciudad estaba repleta de tabernas, tascas y mesones repletos de jóvenes estudiantes y sopistas despreocupados. Pícaros, buscavidas, buhoneros, feriantes, lavanderas, alcahuetas y celestinas junto a clérigos, nobles y rectores. Y, por supuesto, putiferios, lenocinios, lupanares, prostíbulos, casas de citas y burdeles. El saber y el placer buscaban convivir armónicamente (si tal cosa fuera posible) en la ciudad que en 1988 sería declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, aunque no por este motivo.

Los Lunes de Aguas y el Padre Putas
Felipe II (El Prudente)

Entonces, Felipe promulga un decreto que dispone que durante la cuaresma y Pascua, las mujeres de “vida alegre” abandonaran la ciudad y no se acercaran a menos de una legua de la urbe. Para no dejar desamparadas a una gran cantidad de señoras y señoritas que durante más de un mes deberían abandonar sus domicilios, se crea la “Casa de Mancebía”, al otro lado del río Tormes. El primer director de esta residencia fue el Padre Lucas Cienfuentes, que desde que asumió su honorable cargo fue conocido por toda la ciudad como “El Padre Putas”.

 

Sucede al octavo día

de la muy Santa Semana;

Nuestro Señor resucita

la Cuaresma es terminada.

Tiempo de recogimiento,

de ayunos y de plegarias,

tascas, cantinas, tabernas,

sus postigos los cerraban,

burdeles y mancebías,

los faroles apagaban

que en la vigilia, la carne,

al vulgo le era vedada

y los placeres carnales,

¡echados de las murallas!

 

Pero la defensa de la moral y las buenas costumbres que perseguía el decreto de Felipe II se vio burlada con la reacción de todos los involucrados en el monárquico mandato. Porque pasada la Semana Santa y con ella el periodo establecido, las rameras regresaban a Salamanca el lunes siguiente al Lunes de Pascua, estudiantes y pobladores en general comenzaron a reunirse a orillas del Tormes para esperar el regreso de las suripantas. Compartían comida, bebidas y expectativas por ver descender de los botes, impulsados por el Padre Putas y otros entusiastas voluntarios. De este modo se organizaba una enorme fiesta que de la ribera se trasladaba a las calles de Salamanca, adonde corría torrentes de vino tinto y en medio de una gran algarabía llegaba el descontrol, el éxtasis etílico, el desenfreno y la carnalidad, acometiendo allí mismo lo que sus instintos reprimidos durante un mes y medio les pedían en ese momento. La gran orgía estudiantil a orillas del río, culminaba siempre con un gran remojón colectivo, con los asistentes al evento – busconas  y estudiantes- completamente ebrios.

 

“Padre Putas” era el nombre

que el cortejo encabezaba;

disculpen tal expresión

pero es esta la palabra

(mi ánimo no es ofender

las virtuosas sotanas)

pero es que cruzando el Tormes,

alegremente embarcadas,

encontrábamos rameras,

prostitutas, barraganas,

mujeres de vida alegre,

seductoras, cortesanas

que  su oronda mercancía

jubilosas la mostraban.

 

Con los años la celebración fue denominada “Lunes de aguas” y rápidamente se ganó un lugar en la variopinta agenda de festejos populares de España, que incluye el archifamoso San Fermín en Pamplona, las Fallas valencianas, la Feria de Sevilla, la Batalla del Vino en Haro, la Tomatina en Buñol y el incomprensible Salto de la Cabra de Manganeses de la Polvorosa. Pero con el correr de los años fue morigerando su carácter descontrolado, venéreo y herético, para ir trocando en una celebración de marcado corte social, siendo una jornada en la que las familias y grupos  de amigos van a la vera del río a pasar un día de campo y disfrutar espectáculos al aire libre. Si bien no existen registros oficiales, se calcula que el salvaje festejo fue prohibido en algún momento del siglo XVIII, pero volvió al calendario festivo salmantino más “civilizado”.

Los Lunes de Aguas y el Padre Putas

Claramente en nuestros días sería imposible una celebración de estas características. Pero que nadie dude que cada año, una semana después de Pascuas, cada uno de los salmantinos que inocentemente canta canciones del Dúo Dinámico o de José Luis Perales, comen bocatas de salchichón o el característico hornazo, toman cervezas sin alcohol y vuelven a sus casas al caer el sol, esperan durante todo el día ver llegar desde la otra orilla los botes conducidos por el Padre Putas y sus voluntarios, transportando una alegre y desenfrenada tripulación de meretrices, como irónico homenaje a Felipe II, “El Prudente”.

 

Tras los salmos y los rezos

la veda era levantada

y así al mando de ese cura

de caritativa alma,

la muy excelsa capital

culta y universitaria,

con grande satisfacción,

el regreso proclamaba.

 Lunes risueño y festivo,

se bebía, se jugaba,

corría el vino a raudales,

se comía, se apostaba,

que la vida licenciosa

a la villa era llegada;

terminose la Cuaresma,

¡la vigilia era olvidada!

(Fragmento de “Romanza del Lunes de Aguas” de Armando Manrique Cerrato)

 

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