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Educación

Se recibió la primera promoción del IPEM 345 Maestro Hugo Barrera

La ceremonia estuvo rodeada de una profunda emoción por el logro alcanzado.

En un marco de gran emoción, anoche se realizó el acto de Colación de Grado de la primera promoción del IPEM 345 Maestro Hugo Barrera.

«Sigan siempre sus sueños, nunca los abandonen ni permitan que nadie les haga creer que no podrán lograr sus metas». Las palabras fueron algunas de las pronunciadas anoche durante el acto de Colación de Grado de la primera promoción del IPEM 345.

Y si ello tiene valor en cualquier acto de este tipo, se eleva exponencialmente en este caso, cuando el fin de etapa resume años de lucha por el derecho a estudiar, cientos de horas dedicadas a hacer crecer un colegio surgido desde lo profundo de un barrio, y miles de ideas que fueron transformándose en realidad.

Ya el solo nombre del colegio, «Maestro Hugo Barrera» resume la esencia misma del establecimiento. El nombre de un maestro ejemplar que seguramente desde arriba ayer estuvo muy feliz viendo como sus «uvitas del campo», como él las llamaba, fueron creciendo, haciéndose hombres y mujeres y recibiendo sus títulos secundarios.

No fue, a ciencia cierta, un acto más de fin de curso. Fue la frutilla del postre para mucha gente que hizo propia la lucha por el derecho a estudiar, y a elegir qué estudiar. El IPEM 345 lleva su nombre por elección de los alumnos y su orientación (Arte y Teatro) también fue votado por mayoría por la comunidad educativa. Entonces, el objetivo cumplido se disfruta más. El logro conseguido adquiere mayor valor. La alegría se multiplica a punto tal que el director termine su discurso con colocándose una nariz de payaso para significar todo lo que es esta escuela tan particular, tan querible.

Un puñado de chicos y chicas, muchos de ellos rescatados de las garras del «ni ni» (ni estudian ni trabajan), hoy tienen su título secundario. Se recibieron porque decidieron estudiar. Porque disfrutaron haciéndolo y escogieron el ámbito donde más cómodos se sentían.

Al retirarse del acto, viendo esas caras juveniles llenas de alegría. Al observar las caras cansadas pero enormemente felices de los docentes. La serena euforia de los miembros de la comisión de padres que tanto trabajaron, se le viene a uno a la cabeza varias cosas. Por ejemplo, aquella frase de la película Caballos Salvajes. Aquella escena en la que Héctor Alterio, bailando loco en una playa junto al mar, levanta sus brazos al cielo y exclama: «¡¡¡La puta, que vale la pena estar vivo!!!».

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